Artículo presentado por Hildegard Resinger en el congreso Velo-City'97, donde se investigan los puntos débiles de la seguridad vial en España. Los accidentes de tráfico son los causantes de miles de muertes anuales en nuestro país. Los más perjudicados son los jóvenes, para quienes dichos accidentes suponen la principal causa de mortalidad. Otro sector especialmente afectado son los más débiles, es decir, los peatones y los ciclistas. Ante este panorama, las autoridades actúan aún con la mentalidad pro-automovilista, cuando las soluciones deberían dirigirse precisamente en la dirección contraria: el principio de protección de los miembros más vulnerables de una comunidad contra los peligros inherentes al uso masivo del automóvil debería establecer normas para un comportamiento más solidario y más respetuoso. Introducción Para hacernos una idea de la magnitud del problema de la seguridad vial, conviene tener presente algunos datos básicos: Uno de cada tres jóvenes catalanes tiene un familiar o amigo muerto en accidente de tráfico
La situación actual en España
Algunas de nuestras preocupaciones fueron recogidas en las recomendaciones del informe de la Ponencia del Congreso sobre accidentes ciclistas y su prevención [16], aunque, en general, éste presenta una excesiva orientación en el uso deportivo de la bicicleta. Otras recomendaciones de dicha Ponencia, p. ej. la obligatoriedad del casco y la prohibición de la circulación nocturna, han sido motivo para que, desde España y toda Europa se dirijan numerosas cartas al Ministerio de Interior, la Dirección General de Tráfico, la Oficina Nacional de Turismo y otras autoridades, pidiendo que no se adopten medidas en el sentido de dichas recomendaciones. En cuanto a los derechos de las personas que se desplazan a pie, la legislación española que regula actualmente el uso de las vías públicas [17] tan sólo los considera marginalmente y siempre en posición subordinada: "Como regla general, y siempre que sus trayectorias se corten, los conductores tienen prioridad de paso ... respecto a los peatones ... " (Art. 64), "... salvo en los siguientes casos: a) en los pasos de peatones debidamente señalizados ..." (Art. 65.1). En éstos, los peatones, "... aunque tienen preferencia, sólo deben penetrar en la calzada cuando la distancia y la velocidad de los vehículos que se aproximan permiten hacerlo con seguridad" (Art. 124.1c).
Este enfoque de la legislación va parejo con las innovaciones
técnicas de los vehículos que aumentan la seguridad de sus
pasajeros/as. La sensación de seguridad, propagada publicitariamente,
induce a los conductores (mucho menos a las conductoras [18]) a descuidarse
y/o adoptar un comportamiento más arriesgado, y a circular con
una velocidad más alta, frecuentemente por encima de lo permitido.
Los instrumentos de control de la velocidad de los que disponen las autoridades
son insuficientes o no se aplican con rigor. El número y la gravedad
de los accidentes aumenta con la velocidad, lo cual significa que el riesgo
para los otros partícipes del tráfico también aumenta.
El presente trabajo no pretende entrar en detalles de cómo incrementar
sintomáticamente la seguridad vial de los y las ciclistas, discutiendo
la conveniencia de mezclar la bicicleta con los otros vehículos
o con los/as viandantes, o la de imponer o no una vestimenta especial
o un casco a las personas que se desplacen en bicicleta. Las necesidades
de seguridad vial de los/as ciclistas no se pueden resolver aisladamente
de otros fenómenos sociales ni simplemente poniendo parches a los
problemas más evidentes.
Hay que dejar claro que caminar o ir en bicicleta en sí no es
peligroso [19]- ni arriesgado, añadiría. El riesgo que percibimos
es externo, proviene de la presencia de los automóviles. Restringir
y limitar la circulación no motorizada, como hace la actual legislación
española en materia de tráfico, supone culpabilizar a las
víctimas y dar la razón al agresor. El agresor, en nuestro
caso, no es solamente la persona que conduce un vehículo de motor
en las condiciones actuales. También lo es la Administración
que no contrarresta la tendencia al alza de la movilidad obligada ni impone
los medios técnicos y urbanísticos de control de la velocidad.
Y también lo son la industria de los automóviles y de la
construcción que propagan el mismo mensaje que antaño los
nazis alemanes con su "coche popular" (Volkswagen) y su red
de autopistas estatales: más coche y más carretera/autopista
hacen más felices y más libres a las personas, erradicando
"los últimos remanentes de pensamiento individualista"
[20]. O, para citar el título sugestivo de un libro que acusa la
situación de peligro para las personas, de contaminación
ambiental y de injusticia social que comporta el uso indiscriminado del
automóvil: "Esos asesinos que impunemente matan cada día
a miles de personas: LOS AUTOMÓVILES" [21].
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¿Quién no conoce a nadie que haya sufrido directa o indirectamente
las consecuencias de un accidente de tráfico? ¿Por cuánto
tiempo más nos dejaremos intimidar por un artefacto llamado "automóvil"?
La auto-movilidad, la capacidad de moverse por si mismo/a, es propia de los
seres vivos, de las personas. Hemos de recuperarla.
Notas:
1. Consejo Europeo de Seguridad Vial, "El coste de los accidentes viarios
y el precio de la seguridad", citado en: Felip Vivanco, El precio de los
accidentes en España: 3,4 billones al año. La Vanguardia, 10-4-1997.
2. Dirección General de Tráfico, Ministerio de Justicia e Interior,
Boletín informativo. Accidentes 1995. Boletín anual. Año
XXXIV - Madrid.
3. A. Plasència i Torradach & J. Ferrando i Belart en: F. J. Álvarez
González (coord.), Seguridad vial y medicina de tráfico. Masson.
1997.
4. Generalitat de Catalunya, Els joves i la seguretat viària. Enquesta
d'opinió a 4.000 joves catalans d'edat compresa entre 14 i 35 anys. 1995.
5. T. Robledo de Dios & E. Gil López en: F. J. Álvarez González
(coord.), Seguridad vial y medicina de tráfico. Masson. 1997.
6. Informe de la Comisión Europea, citado en: Ángel Calvo, Europa
adopta un programa para reducir los accidentes de carretera un 16 % hasta el
2000. La Vanguardia, 10-4-1997.
7. Op. cit. nota 4.
8. Op. cit. nota 6.
9. Dirección General de Tráfico, Ministerio del Interior, "Dossier
La seguridad de los ciclistas" en: Tráfico Nº 123, Mayo 1997.
10. Op. cit. nota 2.
11. Fuente de datos: Op. cit. nota 2.
12. Fuente de datos: Op. cit. nota 2.
13. Encuesta Nacional de Salud de 1994, citada en Op. cit. nota 3.
14. Reglamento General de Circulación para la aplicación y desarrollo
del texto articulado de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos
a Motor y Seguridad Vial (R 1990, 578 y 1653). B.O.E. Nº 27 del 31 de enero
de 1992.
15. Carta del 15-1-1993, firmada por el Subdirector General de Asuntos Jurídicos
de la Dirección General de Tráfico.
16. Aprobación por el Pleno del Congreso de los Diputados del texto aprobado
por la Comisión de Educación y Cultura en base al informe de la
Ponencia encargada de abordar el estudio y seguimiento de los accidentes de
tráfico ocurridos en carretera por la práctica del ciclismo, sus
causas y recomendaciones para la prevención y corrección de los
mismos, haciéndola extensiva a otros elementos débiles del tráfico.
Boletín Oficial de las Cortes Generales Nº 186 del 21 de diciembre
de 1995. Madrid.
17. Ley sobre tráfico, circulación de vehículos a motor
y seguridad vial. B.O.E. 2 de marzo de 1990. Madrid.
18. T. Robledo de Dios & E. Gil López, así como J. Alonso
Santos en Op. cit. nota 5.
19. Alfonso Sanz, Rodrigo Pérez Senderos & Tomás Fernández,
La bicicleta en la ciudad. Ministerio de Fomento, 1996. Madrid.
20. Diversas citas en El automóvil y el Nacismo. Sin Prisas Nº 23,
verano 1996.
21. Justo de la Cueva, Esos asesinos que impunemente matan cada día a
miles de personas: Los automóviles. Sediciones 2. HIRU, 1996. Hondarribia.
Existe versión on-line: Los coches, esos asesinos.
22. Hermann Knoflacher, "Ursachen für das Wachstum mechanischer Mobilität
und seine Folgen" en: Rupert Riedl & Manuela Delpos (eds.) Die Ursachen
des Wachstums. K&S, 1996. Viena.
23. Informe del Instituto Mapfre de Seguridad Vial 1996, citado en: La juventud
es el grupo con más riesgo de accidente por fatiga, Diari de Sabadell,
6-2-1997.
24. Op. cit. nota 1.